FUENTE DE LA IMAGEN: http://dharmagallery.blogspot.com/2009/08/mantra-mandala.html

De entre los mandalas que podemos encontrar fácilmente en la red, de vez en cuando alguno se destaca de un modo imprevisto. Explicar el motivo obliga a poner palabras donde hubo sólo una sorpresa o un destello de luz o algo moviéndose entre lo quieto... En este caso, en el espacio central donde mora la divinidad, pareció dinámico, como en esas fotografías antiguas en las que el movimiento era capturado por la sucesión de imágenes fijas. Y el azul, replicándose desde el centro hacia las cuatro esquinas, vibrante. Un mandala en movimiento, y detenido.
Hoy es día de dakinis, según el calendario ritual tibetano: las señoras del cielo manifiestan su presencia con mayor claridad. En la imagen, un mandala realizado por la artista Julia Weaver, en agradecimiento a la reina de las dakinis y su compasión ilimitada.
Un mandala puede verse también como un laberinto. Éste, en especial, lo parece. La disposición de las figuras en el cuadrado central, rodeando el espacio interior en que se halla la divinidad, y definiendo los ocho puntos cardinales se asemeja al efecto que produce la imagen del laberinto en otras tradiciones culturales, desde la antigua Grecia por lo menos y pasando por la tradición alquímica y otras tantas: hay un destino y hay puntos de partida, pero entre uno y otros aparece estructurado un espacio complejo, cuya retícula nos desafía. Pide entregarnos a su lógica oculta, y abandonarse a la forma que lo organiza. Los laberintos son también vías de acceso a la esencia: en su interior, según los mitos greigos, se encuentra la bestia, pero es en su recorrido donde podemos descubrir el valor de la sabiduría que permite vencerla. El camino en el interior de un laberinto en esas otras tradiciones es asimismo una ruta de iniciación y purificación, que va destilando una nueva naturaleza en quien se adentra en él: si consigue salir, será alguien distinto. La fuerza de los mandalas tibetanos como apoyos a la meditación es afín en cierto modo a esa rica simbología: también estructuran, reordenan, estabilizan, transforman.
En el centro de este mandala del siglo XVI aparece la figura de Nairatma ("la que no tiene ego"), bailando sobre un cadáver, en el centro de un loto de ocho pétalos y de un doble círculo de divinidades y dakinis que protegen los puntos cardinales y la totalidad del espacio aquí simbolizado. Como nos recordaban el otro día en un comentario, los cadáveres sobre los que danzan las deidades simbolizan la victoria sobre el ego. Nairatma lo muestra aquí, y al mostrarlo y contemplarlo, multiplica su efecto y lo induce.
En el enlace, abajo, se explica en forma breve y muy clara el sentido último del mandala en la tradición tibetana. Siendo un mapa del cosmos, que revela las estructuras últimas de la creación, tanto de los seres vivos como de los objetos inertes, cabe entenderlo como la matriz que incluye también el despliegue de la naturaleza de la mente. Tomándolos como lo que son, un "diagrama atómico" de lo más esencial, en ellos se encuentran inscritas las potencialidades y los desequilibrios, la fuerza y la debilidad que nos son propias. La mente, el cuerpo y la totalidad del universo se encuentran en ellos como en una semilla cuyo cultivo abre las puertas a una experiencia más amplia de la realidad. El mandala de la imagen está bajo la advocación del Gurú Rinpoché, y es una de las obras de Lama Pema Tenzin. En una primera impresión, su centro vacío destaca y atrae.
Buscar mandalas tibetanos en Google pide un poco de paciencia (siempre conviene entrenarla). La búsqueda da decenas de miles como resultado, mezclándose imágenes de lo más heterogéneo: desde preciosas figuras de arena de la más antigua tradición a letreros luminosos de discoteca. A veces, uno en concreto llama la atención por motivos difíciles de precisar. En el que aparece arriba, la fría claridad del rosa lo acerca al blanco de la nieve, y es hielo vivo. Hay algo hermoso en ello. En el enlace, abajo, una biografía de su autor, Paul Heussenstamm, entregado a la elaboración de mandalas como resultado, según relata, de la llamada que en sueños le indicó su sentido.
Un antiguo mandala del siglo XIV, oscuro, sanguíneo, encendido: procedente del Tíbet central, acompaña desde su centro la iluminación de Vajravarahi, una de las formas que presenta Vajrayoguini. En la escuela Nyingma del budismo tántrico, se considera que cada una de las consortes de Padmasambhava corresponde a una emanación distinta de Vajravarahi. Así, Mandarava, la princesa hindú, sería la emanación de su cuerpo; la nepalí Kalasiddhi, de sus cualidades; la tibetana Yeshe Tsogyal correspondería a la emanación de su palabra; y del Nepal, Shakya Devi, procede de su mente. Tashi Khyedren, señora de los Himalayas, es la emanación de su actividad.
Yamantaka, deidad a la que se consagra este mandala, es el destructor de la muerte; dicho de otro modo, supone la finalización del ciclo de los nacimientos. En ese sentido, señala la meta de las prácticas que conducen a la iluminación. El mandala nos ofrece una imagen, un símbolo de ese destino. La primera impresión es que en él cada elemento ocupa su lugar y todo está en su sitio; su equilibrio lo hace deseable. Parece un buen universo al que acercarse: armónico, integrado, limpio, despejado, luminoso, diverso, coherente, completo.
Un mandala de arena es todo y es nada. Siendo una representación del universo en la que se enfatiza su ordenamiento y armonía según los patrones simbólicos de la cosmología tibetana, no tiene otro destino que ser disuelto como ofrenda al Budha días después de haberse completado. Es también un recordatorio firme de que la única ley realmente permanente es la que rige la impermanencia de todo cuanto existe. Muchos lo han dicho con palabras parecidas, pero en el Tíbet practican a conciencia entrenar la actitud que de ese conocimiento se desprende. Su realización delicada y minuciosa, disponiendo con cuidado millones de granos de arena coloreada, es un ejercicio de concentración que detiene el flujo del pensamiento y libera la mente de sus apegos; deshacerlo después, arrojarlo al agua y dejar que desaparezca pone al final las cosas en su sitio, y permite sonreír mientras la corriente se lo lleva. Quien sabe dónde: universos que engullen universos, orden implícito que se despliega y va.
_______"Convierte cualquier sufrimiento que surja, en el camino del placer puro."
_______"El cuerpo es transitorio; es como el borde de un precipicio. El aliento es transitorio; es como la nube. La mente es transitoria; es como el relámpago. La vida es transitoria; es como el rocío sobre la hierba."________"Libre del pensamiento, sin formar conceptos, no afirmes ni niegues, sino permanece relajado en ti mismo. En ese estado, el flujo del pensamiento se corta."
________"No examines las limitaciones de otros. Examina, sin embargo, cómo transformar las tuyas. No examines los defectos de los demás, sino los propios. El mayor de todos los males es criticar a otras personas sin conocer su mente. Abandona por tanto todo prejuicio como si fuera veneno."
________"Todas las apariencias son nuestros propios conceptos, creados en la mente, como reflejos que se ven en un espejo. Para saber si esto es o no es así, mirad en vuestra propia mente."
________"Debes encontrar la certeza por medio de la conducta, sin intimidarte por nada, como un elefante entrando en el agua."
________"Es exageración si declaras haber encontrado un maestro sin servirle."