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20110224

UN TOQUE DE ATENCIÓN



Un toque de atención lo trae el tiempo; las palabras de Padmasambhava en "La Leyenda de la Gran Stupa" (Ed. La LLave. Vitoria, 2002), al referirse a los augurios del Kaliyuga, vuelven a veces. En esa época sombría, la Gran Stupa -símbolo material del cuerpo indestructible de todos los Budhas- puede ser dañada y parecer efímera, como un episodio más del caos en que se verá envuelto el mundo. Las palabras del capítulo cuarto son terribles, como parece también terrible en ocasiones nuestro tiempo. "Los grandes monasterios del país serán abandonados, y el gruñido de los chamanes Bön romperá el silencio de las ermitas. Los dirigentes más sabios y humildes de los monasterios morirán envenenados, se romperá la transmisión oral de la enseñanza y las prácticas se perderán o fragmentarán. Los regentes de los distintos linajes meditativos fallecerán repentinamente. Los impostores y los mentirosos estafarán a los devotos, el aullido del chacal asolará la tierra y las huestes de Mara recorrerán el Tíbet. El nudo del hilo de seda que sujeta a las fuerzas demoníacas será desatado y cortado el cordón de la fe que mantiene el equilibrio de la mente humana. Los mandatos del rey serán desoídos y se desintegrará la cohesión social. Las tradiciones de los pueblos serán repudiadas y se secará la fuente de la felicidad. La moralidad personal caerá en el olvido, el manto de la modestia será objeto de desprecio mientras que la virtud derrotada estará a merced de gobernantes toscos, engreídos y cobardes. Los abades, los maestros y los instructores se convertirán en soldadesca mientras que los ignorantes guiarán a los aspirantes religiosos, les explicarán la doctrina y concederán las iniciaciones. Los discípulos utilizarán palabras injustas y abusivas para justificarse a sí mismos, mientras que los carniceros y los elefantes enloquecidos servirán de ejemplo a los humanos. Pasos de montaña, valles y caminos se verán asolados por bandidos insolentes. Presas del temor y faltas de toda ley y gobierno, las personas lucharán entre sí y cada cual actuará únicamente en su propio beneficio y, de ese modo, el Tíbet se convertirá en un país corrupto e impuro. Tales son las condiciones que prevalecerán durante el período de Kaliyuga, y los augurios que anunciarán la destrucción de la Gran Stupa." Afortunadamente, la historia de la Gran Stupa no acaba ahí; ni tampoco nuestro tiempo.

20100118

-CIRCUNVALACIÓN DE LA STUPA

A veces, cuando salgo a pasear por el barrio, recuerdo en mi movimiento sin propósito el significado que tiene, por ejemplo en el Tibet, la circunvalación de ciertos lugares. En el mínimo vídeo que adjuntamos, la cámara recorre el perímetro de una pequeña stupa y acaba donde empezó, después de haberle dado la vuelta completa, dejando siempre la edificación a la derecha: imitando el movimiento de las estrellas en el cielo, de este a oeste. Son unos segundos nada más, pero también es costumbre y ritual rodear caminando lugares de mucha mayor envergadura. La "kora" o circunvalación del Monte Kailash es quizá la más conocida, y los peregrinos la realizan incluso en postración durante días. Como en tantos otros aspectos de su cultura, se intenta de algún modo recordarnos a los humanos que no somos seres separados, sino que nuestros gestos y movimientos participan del movimiento del cosmos y de su regularidad, y pueden volver a unirse con él si es que se han perdido. La circunvalación de una stupa, de un monte, de un templo es siempre auspiciosa, pues permite reconectarnos con el movimiento del universo del que formamos parte y cuyo eje simboliza también el eje de la stupa; al sintonizarnos con él, rebaja las tensiones de un yo separado, y purifica el karma, según las creencias budistas.
Lo dejo aquí, me voy a dar una vuelta...


20091230

-RESTAURACIÓN Y LOGROS

CAP 5º: LA LEYENDA DE LA GRAN STUPA DE JARUNGKHASOR

Se pide en el último capítulo de la narración sagrada que Padmasambhava explique cómo podrá reconocerse al Gran Ser que llevará a cabo la reparación de la Stupa. Padma entra en detalles acerca del nombre, lugar y características familiares, pero al final destaca especialmente algunos rasgos que resultan esenciales y conmueven profundamente: “llegará a consumar la unión con la verdadera fuente del poder interno, y las deidades tutelares le obedecerán y cumplirán las acciones que demande. Así pues, desde el mismo instante de su nacimiento, no confiará en otro objeto de devoción más que en el mismo Gurú Rinpoché, nacido en Urgyen”. La elevada condición del Gran Ser –renacido como Pal o Zangpo- no será suficiente, sin embargo, para garantizar la reparación de la Stupa, y deberá distinguir el momento oportuno: cuanto antes, mejor. Si la restauración de la Stupa se pospone demasiado tiempo, la guerra habrá azotado el Tíbet y todo tipo de desgracias harán cada vez más difícil su restauración: “la mitad de la población tibetana será masacrada; los templos, devastados; las imágenes, profanadas; las sagradas escrituras, pisoteadas en el polvo; y los monjes y sacerdotes, asesinados. Las ruinosas poblaciones se cubrirán de desolación mientras que los sobreviventes del holocausto escaparán a refugiarse en la India, Sikkim, Bután, Nepal...” El mensaje es claro para todos: lo que hay que hacerlo, hay que hacerlo sin demora. Dejar pasar el tiempo en la indecisión y la duda mientras arrecia el temporal de la devastación sólo permite consolidar el sufrimiento y arruinar las ruinas. El momento de restaurar la Stupa es siempre ahora.
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El Gran Ser que restaurará la Stupa no estará solo, a pesar de que la humanidad camine entre tinieblas. Con él "diez mil trece devotos de conducta irreprochable, mil seis maestros, ochenta y ocho yoguuis, ochenta benefactores, veintitrés videntes, ocho instructores en los secretos de los ocho bodhisattvas...". Una comunidad de seres entregados a la tarea más noble le acompañarán en el tiempo oscuro de Kaliyuga, y en su momento ocupará cada uno el lugar que le es propio, culminada la restauración de la Stupa. La naturaleza esencial de cada cual florecerá en su auténtica morada y, por ejemplo, quienes hayan prestado ayuda en la reconstrucción de la Stupa, "al arribar a su ciclo de experiencia humana, pasarán a morar en la dimensión de los Vidhyadharas a los pies de Gurú Rinpoché en persona."

20091229

-DESTRUCCIÓN EN KALIYUGA

Cap. 4º: LA LEYENDA DE LA GRAN STUPA DE JARUNGKHASOR



En las profecías budistas se incluye a menudo la descripción de períodos de extrema dureza y de grandes padecimientos y dificultades. También la Gran Stupa sufrirá efectos desastrosos en su forma temporal, pero no en su naturaleza esencial que es “indestructible, inviolable e incorruptible”. Sin embargo, la descripción que Padmasambhava ofrece de las atrocidades y miserias que acompañarán la época del Kaliyuga lleva a dudar de la capacidad de la Gran Stupa para sostener su firme corazón y su potencia. No resulta fácil encontrar relatos en la historia de la literatura de tan alto dramatismo, ni descripciones más vívidas de lo que de peor hemos podido concebir los humanos. Kaliyuga arrastrará con todo; seleccionar una referencia que ilustre la magnitud de las desgracias que induce llevaría inevitablemente a disminuir el impacto terrible de las que no nombremos. Me arriesgo, sin embargo, a intentar una mirada en diagonal al texto en que pueda resaltarse a qué tipo de riesgos se enfrenta la humanidad en el tiempo sombrío de Kaliyuga. Padma dijo así: “los sacerdotes y los líderes espirituales se entregarán al robo, al bandolerismo y al pillaje. Todo este desorden acabará desembocando en un clima de pánico y completo caos que se propagará como un fuego incontrolado. Los seres más corruptos y egoístas devendrán dirigentes políticos… La negligencia en los deberes religiosos desatará a los espíritus de la oscuridad que hasta entonces habían sido controlados por el poder del ritual… Las encarnaciones de la maldad y el egoísmo serán veneradas como maestros, al tiempo que las consecuciones de los auténticos adeptos tántricos se verán menoscabadas… los necios, los bribones e incluso los asesinos portarán la túnica sagrada y los monjes se cubrirán con vestidos extranjeros…. La ruptura del orden celestial atraerá plagas, hambruna y guerras que asolarán la vida sobre la luz de la tierra. Los planetas se saldrán de sus órbitas y las estrellas saltarán de sus constelaciones…” Hay algo impresionante, al menos para mí, en la última frase que recojo, y su impacto resuena y perdura más allá de la lectura: “El nudo del hilo de seda que sujeta a las fuerzas demoníacas será desatado, y cortado el cordón de la fe que mantiene el equilibrio de la mente humana”. Oh Kaliyuga!

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En medio de semejante panorama, se augura también –no podría ser menos- la destrucción de la Gran Stupa. Sin embargo, la fuerza de las calamidades y el estado de postración de la humanidad despertará la mente de una persona que “aborrecido de la vigente condición humana, favorecido en sus acciones por mí y guiado por su amor y compasión hacia todos los seres que sufren, dedicará sus esfuerzos a la restauración de la Gran Stupa”. Al oír estas palabras del Gurú Rinpoché, surgió de entre la asamblea que le escuchaba quien quiso de inmediato asumir esa tarea, cuando llegara el tiempo de Kaliyuga: Padma Gungtsan se postró cien veces ante el Gurú y solicitó encargarse de la renovación de la Gran Stupa en ese oscuro futuro. Renacemos para reconstruir lo que nosotros mismos hemos destruido, Oh Kaliyuga! Y no es posible mucho más que aceptarlo así, tal como es.

-LA JOYA QUE COLMA TODOS LOS DESEOS


CAP 3º de “LA LEYENDA DE LA GRAN STUPA DE JARUNGKHASOR”


Al fundirse los Budhas del pasado, presente y futuro en el receptáculo de la Gran Stupa, ésta se transformó en la joya que colma todos los deseos, y “cualquiera que sea la súplica o petición que hagan ante ella tanto los dioses como los humanos, verán colmadas sus expectativas e incluso les será posible alcanzar diferentes poderes espirituales e incluso la realización suprema”. Lo que Padmasambhava explica acerca de este poder resulta extremadamente significativo pues puede entenderse como una parábola viva acerca del principio de causa y efecto, generalizado e intensificado por la evidencia que la Gran Stupa otorga a cuánto afecta.

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Durante varias páginas se van relatando las consecuencias que tiene para el fiel que las otorga la presentación de ofrendas o el establecimiento de compromisos en relación a la Gran Stupa. Y se va haciendo muy clara la correspondencia estrecha entre el tipo de ofrenda y la realización que se experimentará. Pudiera resumirse en torno a una idea básica: aquello que ofreces es lo que serás, aquello que viertes y otorgas plenamente es lo que crecerá con más fuerza en ti mismo. Hay que vaciarse de aquello que queremos que crezca, y concederlo es garantizar que revertirá hacia nosotros. Los ejemplos son múltiples, pero basta con uno: “la persona que encienda una luz en la Gran Stupa podrá contemplar con sus propios ojos a todos los Budhas y Bodhisattvas de las diez direcciones”. Hay decenas de ejemplos como éste en el capítulo: aquello que se ofrece de corazón, se convierte en un regalo sublime que vuelve hacia nosotros, manteniendo siempre un cierto grado de analogía entre lo ofrecido y lo que llegará a ser nuestro. En el ejemplo, la ofrenda de luz concede la visión más elevada. La Gran Stupa se ha convertido en la Joya que concede todos los deseos: el centro de nuestro corazón procesa la motivación sincera, expande la intención altruista, y otorga la fuerza interna que asegura su cumplimiento. Aquello que ofreces es lo que serás: así se crece. Y si das amor de corazón, amor obtienes.

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Esa misma ley puede verse en el modo en que se relacionan el grado de compromiso personal en relación a la práctica devocional de la Gran Stupa y el nivel de realización que se alcance: mayor la entrega, más alta la realización. No hay otra regla que la de comprometer verdaderamente lo que somos al servicio de lo que lo merezca plenamente, y así los beneficios aparecen. La realización se eleva. Por citar un ejemplo que muestra esa reciprocidad: “la persona que lleva a cabo sus deberes religiosos ante la Gran Stupa, se verá libre de los sufrimientos del reino infernal, del reino de los espíritus ávidos y del reino animal…” pero “los que se conviertan en lamas alcanzarán el estado de Vidyhadhara de la realización espontánea”. Un párrafo, al final del capítulo, sintetiza lo dicho: la realización es proporcional a la entrega. “Quienes recojan por escrito la historia de la Gran Stupa o relaten la biografía de los bodhisattvas que la construyeron, recibirán el mismo mérito que los escritores del canon budista completo. Todo aquel que se regocije de su existencia alcanzará un renacimiento dotado de las cualidades búdicas. La persona que implore la bendición del gozo procedente de la Gran Stupa recibirá la iniciación de los Budhas de las diez direcciones. Y si alguien visualiza la Stupa, ni que sea por un instante, renacerá milagrosamente en el seno de una flor de loto en el campo búdico occidental de Sukhavati, la tierra pura del Gozo.” Humildemente desde aquí, contribuimos con esta serie de entradas a divulgar la Leyenda de la Gran Stupa; que se lea nos parece una buena recompensa si además es entendida, es decir, si nos transforma. Si otros beneficios sobrevienen, los acogeremos con alegría y agradecimiento.

-DESEAR LO MEJOR, INCANSABLEMENTE, PARA TODOS.


CAP. 2º DE “ LA LEYENDA DE LA GRAN STUPA DE JARUNGKHASOR”, en Ed. La llave. Vitoria-Gasteiz, 2002


En el segundo capítulo, de nuevo el rey Trisong Détsen solicita a Padmasambhava que explique cuáles fueron las plegarias ofrecidas con ocasión de la edificación de la Stupa. La voz única de la asamblea de los Budas y Bodhisattvas habló para los fieles y benefactores, anunciando que “todas las aspiraciones efectuadas en este lugar se verían colmadas de manera perfecta”. Lo que resulta de especial interés es el efecto que semejante esperanza produce en los que habían contribuido a la realización de la obra. Estando asegurada la realización de lo que se espera, “sería una falta de respeto formular aspiraciones mezquinas”. En esta reacción espontánea de los hijos de la difunta Shamvara podemos ver el modo en que realización y generosidad van unidos: ¿Quién puede pedir sólo para sí si sabe que el poder que le acompaña asegura el cumplimiento? Si mayor la fuerza, más elevada la aspiración; si mayor es el poder, más grande la generosidad. Si todo está a nuestro alcance, entonces sólo cabe desear lo mejor, incansablemente, para todos. Cuando la capacidad de realización es completa, la generosidad compasiva no puede sino serlo igualmente.

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La mezquindad resulta incompatible, y así, las aspiraciones formuladas por los fieles que habían edificado la Stupa son todas de gran alcance: “establecer en el Tíbet la doctrina de los Budas”, “que pueda renacer como un gran rey y protector de la religión en el país de las heladas fronteras de los salvajes del norte”, “que pueda renacer como el gran Arhat que ordene a los nuevos conversos como miembros de la Sangha”, “que pueda yo ser el yogui tántrico… que enseñe por igual a dioses, demonios y humanos sometiendo a todos los malvados habitantes de aquel país bárbaro”, “pueda yo renacer como el ministro que coordine eficazmente todas sus actividades”. Aspiraciones tan exaltadas y altruistas fueron correspondidas por los Budhas, que en forma de una llamarada de luz se fundieron con la Gran Stupa.
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Sucede a éste otro episodio significativo, y es el de la actitud airada de los animales que –al oír la aspiración de los cuatro hermanos- se sienten impelidos a formular la suya. Incapaces de hacerlo plenamente, por no tener forma humana, sólo alcanzan a desear motivaciones menores y a veces innobles. Conviene destacarlo: la condición humana es la más adecuada para formular aspiraciones altruistas, y esa es también señal inequívoca de nuestra responsabilidad al gozar de semejante oportunidad. Los animales pueden intentarlo, pero los humanos podemos hacerlo.
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El capítulo concluye con una emocionante escena de reconocimiento: los asistentes a la asamblea en que el rey Trisong Détsen pedía a Padmasambhava que explicara los beneficios de la Gran Stupa, son señalados uno por uno como el cumplimiento de las aspiraciones de los que la edificaron en su momento. Los deseos, si son puros, residen más allá del tiempo. El mismo Padmasambhava se presenta como la reencarnación del que había querido renacer como yogui tántrico para enseñar a dioses y hombres. Todos pueden así ocupar su verdadero lugar en la trama cósmica que la Gran Stupa cataliza. El Gurú Nacido del Loto, guardando silencio, recibió -después de sus revelaciones- las postraciones de todos en beneficio de todos los seres sintientes y de la doctrina del Budha.

-CRECER DESDE ABAJO

CAP.1º DE "LA LEYENDA DE LA GRAN STUPA DE JARUNGKHASOR” en Ed. La llave. Vitoria-Gasteiz, 2004.
En "La Leyenda de la Gran Stupa", a petición del rey del Tíbet Trisong Détsen, Padmasambhava narra en su primer capítulo cuáles fueron los beneficios de la edificación de la gran Stupa de Jarungkhasor, en Nepal. Se trata de la primera Gran Stupa construida, y el rey esperaba que conocer los frutos que acompañaron la obra, sirviera para confiar en los que había de reportar la construcción del Monasterio de Samye, apenas culminada. Padmasambhava dio respuesta a la solicitud del rey, y explica en esta obra cómo sucedió todo. Resumimos aquí su contenido, sin añadir más que alguna pincelada que nos ha sido útil para nuestra particular comprensión del texto, sin otra pretensión que compartirla. Es sabido que los niveles de interpretación de los relatos sobre Padmasambhava son múltiples, y algunos de gran profundidad simbólica. Apenas los conozco, aunque creo imaginarlos a veces. El nuestro aquí es sólo eso: una pincelada personal.
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La Gran Stupa fue edificada por Shamvara, una mujer humilde -aunque de origen divino; madre de cuatro hijos ilegítimos de padres distintos y de extracción aún más sencilla cada uno de ellos: porquerizo, avicultor…. Sin embargo, pudo prosperar por su esforzado trabajo, y alcanzó a darles educación a los cuatro, por lo que su agradecimiento le llevó a pensar en edificar un campo de méritos que pudiera recibir la mente de todos los Budhas. Alcanzado el permiso del Maharajá, que comprometió su palabra dando el consentimiento (y ese es el significado del nombre de la Stupa –Jarungkhasor: ”autorización inquebrantable”), se inició el laborioso proceso de edificación. Sobreponiéndose a todas las dificultades, la Stupa fue creciendo y el propósito de Shamvara se acercaba a su término. Sin embargo, las personas poderosas del reino sintieron que si alguien tan humilde ofrecía a los Budhas algo tan grande, se verían obligados a responder con algo aún mayor, o sentirían en sí mismos crecer la humillación que nace de la envidia y el egoísmo. Pidieron al Maharajá que revisara su autorización, sin conseguirlo. La Stupa se levantaba paso a paso, y al morir Shamvara, sus hijos sostuvieron el compromiso hasta culminarla. La coronación de los últimos planos de la Stupa se vió acompañada de todo tipo de señales auspiciosas, pues las deidades airadas y pacíficas “vertían una continua lluvia de flores y honraban el acontecimiento con su fausta presencia. El sonido de címbalos inundaba el espacio y el aroma del incienso se esparcía por todas las direcciones. La tierra tembló tres veces y la luz de la sabiduría… eclipsó el sol y alumbró la noche durante cinco días consecutivos…”
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Hay algo que parece notable en el relato, y es la grandeza del gesto de los más humildes en su entrega a la edificación del campo de méritos, así como su reverso: la obstinación de los más poderosos en intentar impedirlo. Parece como si se nos quisiera recordar que de lo más bajo puede crecer lo más alto, y de lo más alto es de donde pueden nacer los principales obstáculos. Ese mensaje es seriamente comprometedor, pues si internamente nos lo aplicamos como un remedio para la superación de nuestras dificultades, podremos descubrir que donde está nuestra soberbia está nuestra mayor dificultad, y justamente allí donde menos creemos ser, es de donde puede crecer lo más alto.
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Si nuestra vida es una stupa en proceso de construcción, conviene retenerlo y reconocer la fuerza de su impulso: de lo menos reconocido y valorado por nosotros mismos puede alzarse lo mejor de lo que somos, y de lo que obstinadamente creemos poseer, vendrán las dificultades para culminar nuestra verdadera naturaleza. Cambio de rumbo el que se imprime, profundo: miremos hacia lo que despreciamos de nosotros mismos, reconozcamos lo que creemos menor, aceptemos su impulso al cielo, y comprometámonos seriamente con ello. Y reduzcamos a cenizas aquella que ilusionadamente creíamos la mejor de nuestras posesiones, el mayor de nuestros talentos, nuestra secreta esperanza. La stupa crece así: dando vida desde lo más humilde y superando las dificultades que la soberbia introduce. Así podemos crecer con ella: alimentándonos de lo que hemos despreciado en nosotros mismos, y dejando de obedecer la equívoca llamada de nuestras ilusiones. Creciendo desde abajo, la stupa alcanza el cielo.