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20120722

COSAS DE MERLÍN (y de Padmasambhava)






"-Señor -le pregunta Ulfino entonces al rey- ¿no habéis conocido a Merlín? ¿No tenía que hablar con vos hoy según os ha dicho el villano?

-Sí, contesta el rey. ¿Por qué lo preguntáis?

-Señor -contesta Ulfino-, os lo digo porque no lo conocés tan bien como yo desearía, pues veis a la gente dos o tres veces y no la reconcéis, y eso me sorprende.

Cuando el rey oye a Ulfino se queda tan sorprendido que no sabe qué decir y le ruega que le diga quién es el villano, si lo sabe. 

-Señor -responde Ulfino-, ¿no conocéis a Merlín?
-Ciertamente, sí.
-Entonces, mirad a este hombre, por si lo habéis visto alguna vez; si no, bien podrá decir que empleó mal el servicio que os hizo, pues es Merlín, el que tanto os ha servido, amado y ayudado en todo lo que pudo hacer y decir frente a los que os querían mal.

El rey Arturo se santigua y los otros dos reyes se quedan sorprendidos y preguntan.

-Merlín, ¿sois vos?. Nunca os vimos así vestido.

Les contesta que bien puede ser.

-Buenos señores -les dice Ulfino-, no os extrañéis, pues os mostrará el aspecto con el que primero lo visteis.

Le dicen que les parece bien.

-Acompañadme a esta habitación -les pide Ulfino.

Se marchan y allí Ulfino les dice:

-Buenos señores, no os sorprendan las cosas de Merlín, pues os mostrará aspectos diversos. Siempre que quiere, cambia y muda por arte de nigromancia, que conoce bien." (Historia de Merlín, Ed Siruela. Biblioteca Medieval, nº12. Madrid, 2000). En el ciclo artúrico destaca la figura del mago Merlín: hijo desconocido del diablo y augur de reyes, es más conocido por su función como asesor de Arturo, guía y visionario, solitario retirado periódicamente a los bosques y oportuno activista en momentos especiales. Capaz de mostrarse en distintas manifestaciones, según el momento y la ocasión lo requirieran, presenta así el mismo rasgo que constituye uno de los más destacados de Padmasambhava: su inconcebible capacidad para transformarse y aparecer en alguna de las ocho manifestaciones que constituyen uno de los hilos conductores de su biografía sagrada -si bien decir que son ocho es sólo una manera de hablar. Capacidad inconcebible, claro está, para quienes no puedan concebirla, pues la lista de personajes que disfrutan de ese talento puede ir creciendo si la atención se centra en tal propósito. Hablábamos hace algunos meses en una entrada anterior del Don Juan de Castaneda, prodigioso mutante también cuya presencia pública podía cambiar en función no de modificaciones aparentes de indumentaria o actitud física, sino de la alteración consciente del "punto de encaje" -configuración energética específica que regula nuestro modo de interacción con el conjunto de dimensiones de la realidad. Y viene ahora a la memoria también el dios Proteo de la mitología clásica, sobre el que algo habrá que decir en algún momento. La capacidad autotransformativa no nos habla de disfraces o engaños, ni siquiera personifica la inestabilidad que nos constituye como humanos o la incertidumbre de nuestra naturaleza volátil y fugaz siempre. Las transformaciones de Padmasambhava, las de Merlín el encantador -que Walt Disney intentó llevar al celuloide- o del Don Juan de Castaneda son símbolos (por lo menos, símbolos) del poder del intento. Nos indican mediante su ejemplo que somos siempre algo distinto de lo que creímos ser -y siempre muchísimo más de lo que los demás puedan pensar acerca de ello. Y no como resultado de la impostura o la simulación, sino naciendo del centro mismo de nuestra voluntad más profunda, la que no depende de nuestros deseos personales. Ser otro, de verdad, sólo es posible cuando se es uno mismo. Ellos lo saben y nos lo muestran siéndolo. Ahora, las (ocho) manifestaciones de Merlín: un entretenimiento.





20120511

COMO NYINGMA OSER

Una desconcertante representación de Padmasambhava en plata, datada del siglo XVIII, cuya presencia oscila entre la benevolencia y la hostilidad. Ambas le son propias, según el momento y la ocasión. Aquí parece mostrarse en su manifestación como Nyingma Oser, coronado por cinco cráneos y dejando entrever su forma más estrechamente ligada a la tradición mágica y chamánica de la cultura tibetana. El bastón nos lo indica también, y la banda de piel de tigre en el pecho y las caderas. Pero con todo, lo que destaca es la inusual figura de su rostro. Vale la pena mirarlo atentamente: de frente, severo; sonriente de perfil. Siempre distinto. Como Nyingma Oser, Padmasambhava detuvo los rayos de sol con sus manos. Algo de su luz persiste en esta imagen.
FUENTE DE LA IMAGEN: http://www.alaintruong.com/tag/Smashana%20Adipati

20120331

NAGUAL


Manifestándose Padmasambhava en formas diversas según el momento y las necesidades de sus interlocutores, pudiera pensarse que se trata de un rasgo único, excepcional, un atributo más de la grandeza sobrehumana de Gurú Rinpoché. La variedad iconográfica de las ocho manifestaciones de Padma -en realidad, muchas más- nos recuerda que fue tantos como modos distintos de interacción con los demás y el mundo resultaron necesarios para ejercer sabiduría y compasión. Y sin embargo, en eso Padmasambhava no está solo. Ejemplos de transformismo notable pueden encontrarse en el santoral cristiano o en la mitología hindú; los dioses griegos son también completamente plásticos, y en muchas otras tradiciones algunos no son sólo ellos mismos: son muchos y distintos. Releyendo estos días la obra de Carlos Castaneda, encuentro lo siguiente -y parece hablarnos de Gurú Rinpoché:
"-¿Cómo era el nagual Julián en apariencia física? -pregunté.
-Figúrate que hasta hoy en día me cuesta enfocarlo -dijo. Sé que parece absurdo, pero de acuerdo a sus necesidades o a las circunstancias, era joven o viejo, bien parecido o de facciones ordinarias, afeminado y débil o fuerte y viril, gordo o delgado, de estatura media o sumamente chaparro.
-¿Quiere usted decir que era un actor que podía hacer papeles diferentes con ayuda de disfraces?
-No, no utilizaba ningún disfraz y no era simplemente un actor. Era un gran actor, sí, pero eso es un asunto diferente. El caso es que tenía la capacidad de transformarse y ser todos esos seres específicos y diametralmente opuestos. Ahora bien, el ser un gran actor le permitía conocer y hacer uso de las más íntimas peculiaridades que hacían que cada ser específico fuera real. Digamos que se sentía a sus anchas en todos sus cambios de ser.
Con avidez le pedí a Don Juna que me contrara algo más acerca de las transformaciones de su benefactor. Dijo que alguien le había enseñado a efectuar esas transformaciones, pero que el explicarlas más a fondo lo obligaría a transbordar otras historias diferentes.
-¿Cómo era el nagual Julián cuando no se transformaba?
-Digamos que antes de hacerse nagual, era muy delgado y musculoso; su cabello era negro, espeso y ondulado. Tenía una nariz larga y fina, dientes blancos, grandes y fuertes; cara oval; mandíbula fuerte, ojos castaño-oscuros y brillantes. Medía alrededor de un metro setenta de estatura. No era indio ni moreno, aunque tampoco era blanco. De hecho, su tez estaba en una categoría única, sobre todo durantes sus últimos años, cuando cambiaba continuamente de morena oscura a clara y luego otra vez a morena. Cuando lo conocí por vez primera, era un anciano bastante prieto, pero luego se transformó en un joven de tez clara, quizás unos cuantos años mayor que yo. Pero si sus cambios de apariencia externa eran asombrosos -continuó Don Juan- los cambios de estado de ánimo y de conducta que acompañaban cada transformación eran aún más extraordinarios. Por ejemplo, cuando era joven y gordo, era alegre y sensual. Cuando era flaco y viejo, era mezquino y vengativo. Cuando era un viejo gordo, era el imbécil más grande que uno puede imaginar..." (Carlos Castaneda: El conocimiento silencioso. pág. 36-37. Ed. Gaia, Madrid 1994) Sea como Dorje Drollo, Shakya Senghe, Nyingma Oser, Gurú Orgyen Dorje Chang, Senge Dragog, Loden Chogse, Pema Jungne, como Gurú Rinpoché o como Padmasambhava, siempre es y no es el mismo. Multiforme y diverso, nace y vive en cada una de sus formas, manifestándose del modo adecuado para llegar a la verdadera necesidad de los otros. Así es como el nagual y Padmasambhava son ellos mismos: expresiones riquísimas de la inmensidad del espíritu. Sea éste o no sea humano, en lo humano se plasma. Y cuanto más plástica sea nuestra naturaleza, mayor y más completa es la presencia del espíritu.
No deja de sorprender la notable analogía entre tradiciones tan remotas en apariencia: el budismo tántrico y la sabiduría de los toltecas convergen en muchos aspectos. La capacidad de manifestación compleja en sus grandes maestros es uno más -quizá no sea el menor. Hay quien dice que Castaneda no hizo más que vestir con un falso relato pseudoantropológico el cúmulo de referencias culturales que circulaban por Estados Unidos en los años sesenta y setenta: un poquito de budismo tántrico sin nombrarlo, mucho de indigenismo, cultos psicotrópicos, prácticas de extremo rigor físico, metafísicas orientales enmascaradas... Pudiera ser. Pero también pudiera ser -y es más probable- que los antiguos toltecas, en cuyo linaje se sitúa el nagual Julián y Don Juan (y desde él, el mismo Castaneda) fueran partícipes de esa verdad común que otras tradiciones también encarnan, por la que los humanos nos vemos obligados a reconocer que somos mucho más -y algo distinto- a lo que se nos ha obligado a considerar estrictamente humano.

20120122

NYINGMA ÖSER (III)

"En ese período, Padmasambhava fue conocido como el gran yogui que podía dominar el tiempo, que tenía poder sobre el día y la noche y las cuatro estaciones. Ese aspecto yóguico de Padmasambhava se conoce como Nyingma Öser. Nyingma Öser traspasó todas las conceptualizaciones del tiempo, del día y de la noche, de las cuatro estaciones. En la iconografía se lo representa inmovilizando el sol, usando los rayos de éste como correas.
Esto no significa que después de una vivencia sutil uno quede tan absolutamente absorto que deje de distinguir el día de la noche; más bien es que atraviesa las distinciones conceptuales entre día y noche y las cuatro estaciones, o entre el dolor y el placer y todo lo demás. Generalmente, el día y la noche y las cuatro estaciones nos consuelan porque nos dan la impresión de que nos estamos relacionando con la realidad, con los elementos. Nos decimos: "ahora estamos viviendo el verano, ahora el otoño, ahora el invierno y ahora la primavera. ¡Qué bueno es estar vivo! ¡Qué agradable es estar sobre la tierra; es el mejor lugar para un ser humano, su hogar!", "se ha hecho tarde, ya es hora de cenar", "podríamos comenzar el día con un buen desayuno" y otras mil cosas por el estilo. Nuestro estilo de vida se rige por esos conceptos. Conforme va pasando el tiempo, se presentan un montón de cosas que hacer, y relacionarnos con ellas es como columpiarnos en una hamaca, descansar en una cómoda cama al aire libre. Pero Nyingma Öser rasgó esa hamaca, y ya no podemos columpiarnos a gusto y dormir una agradable siesta al aire libre. Eso es el traspasar" (Chögyam Trungpa: "Loca sabiduría", Ed. Kairós, pág. 148). Traspasar el tiempo, atravesar el tiempo es abandonar el sistema de referencias que organizan nuestra experiencia ordinaria y experimentar el flujo que bajo ella nos sostiene. Sin más orden que el del impulso que nos lleva, atravesar el ritmo del sol y las estaciones es adentrarse en la vivencia de una temporalidad aconceptual, en la que no existe ya la comodidad de un sistema compartido, sino la exigencia y el desafío que obliga a vivir como si el tiempo no sucediera -sucediéndonos a nosotros, sucediendo en él. Padmasambhava, en su manifestación como Nyingma Öser, detuvo el sol y nos mostró que el tiempo no es solo lo que marca el ritmo de los acontecimientos, sino que ciertos acontecimientos muestran que el tiempo es el lugar donde la eternidad sucede -pues hacen posible vivirla directamente.

20111002

OCHO MANIFESTACIONES ( Y MÁS)

Que Padmasambhava emergiese en el mundo bajo ocho formas distintas (en realidad, fueron más -por lo que la misma tradición iconográfica y de textos sugiere) es una enseñanza en sí misma. Nos dice con la claridad de la experiencia vivida que los grandes seres que han labrado su presencia en nuestro mundo pueden ser lo que nosotros debemos ser -o por lo menos, intentamos ir siendo: más de uno, muchos. Y que ser uno u otro de entre los muchos que somos -o podemos ir siendo- debe ser siempre una función variable al servicio de aquello que mayor bien puede hacer a los otros. Los otros no son la humanidad en general o en abstracto, sino el individuo concreto que está ahora ante nosotros. Es al servicio de la ampliación de su conciencia y de su auténtica necesidad que debe nacer en cada uno uno distinto de entre los muchos que también somos. Como Padmasambhava pudo ser feroz guerrero o docto erudito, brujo oscuro y meditador excelso, así nosotros también debemos mostrar nuestros múltiples rostros: guerrero ante el guerrero, si así nos entiende; erudito ante el erudito para que pueda serlo o dejar de serlo; brujo y chamán ante el chamán y el brujo; excelso entre los que aspiran a serlo... Para cada uno y ante todos ellos, Padmasambhava adaptó la forma de su manifestación al modo en que mejor podía servir la maduración de la conciencia de otros. Fue muchos, y hasta en sueños supo ser quien debía para que pudieran verlo, aprendiendo en ello.

20110829

ORNAMENTOS

En "Loca sabiduría", Chögyam Trungpa revisa y repasa las distintas manifestaciones de Padmasambhava, interpretando las instrucciones que sus distintos aspectos y la inmensa diversidad de sus actitudes nos ofrecen. Como Loden Choksi, Padmasambhava fue un maestro espiritual miembro de una familia real -un rajguru- que fue reconocido como tal después de que la hoguera de madera de sándalo en que había sido condenado a morir quemara durante semanas sin extinguirse. Él, Padmasambhava, rodeado de leños ardientes, permanecía sentado en el corazón de una flor de loto. Visto lo visto, el rey que lo había condenado a morir, lo consideró un ser superior y se convirtió a sus enseñanzas. Lo que Chogyam Trungpa subraya de la historia es muy relevante y es ahí donde ve el auténtico milagro: "El milagro es más que la simple conversión del rey; es la manera de Padmasambhava de enfrentar todas las amenazas y acusaciones de las que había sido objeto. Loden Choksi manifiesta la invencibilidad de Padmasambhava; en vez de considerar los desafíos como amenazas, los convierte en un ornamento más de su actuar. La capacidad de usar los obstáculos para encarar las situaciones de la vida es una dimensión importante de la loca sabiduría." Y más allá de reconocer con el pensamiento que debemos trabajar con la negatividad y las dificultades como si se tratara de estímulos, asumirlas como "ornamentos" que dan lustre y ennoblecen nuestra experiencia es algo distinto y un poco más difícil de aceptar. Casi siempre late por debajo la extraña fantasía que prefiere imaginar un mundo libre de ellas. Dejarla de lado y gozar de la ausencia de cualquier salida para la situación que se vive, con todos sus tormentos y tempestades, es lo que Padma nos muestra: en medio de la hoguera interminable, sentado en el corazón del loto. "Tanto el dolor como el placer son adornos que es grato llevar", como nos recuerda Trungpa unas líneas después (pág. 175 de la edición en Kairós)
Loden Choksi - Guru Rimpoche Emanation
Fuente de la imagen: http://www.flickr.com/photos/360o/260696678/in/faves-crushevil/

20110220

QUIEN LO VIERE

Podemos ser así seres distintos
que viven en los ojos de quien mira:
se muestran impacientes, sienten ira,
son dulces o descansan en su instinto...


Resurgen otra vez; el laberinto
abriéndose en mil formas ya no aspira
a ser un solo rostro, no suspira
con una misma voz... Late distinto.

Y así una y otra vez: hombre que muere,
mujer naciendo al mundo entre oro y plata,
guerrero en la batalla que prefiere,

mendigo, monja antigua, rata y rata...
En una sola vida -quien lo viere-
te ofrece lo que has sido y lo desata.

20110214

BROMEANDO

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"El elemento de loca sabiduría de Padmasambhava en su aspecto de Dorje Trolö es el de un guru que no está dispuesto a transigir con nada. Si tratamos de impedir que pase, estamos desencadenando nuestra propia destrucción. Si tenemos dudas con respecto a él, sabe aprovecharlas. Si nos mostramos demasiado devotos, si fiamos demasiado en la fe ciega, nos dará una sacudida. Toma muy en serio el aspecto irónico del mundo. Sus bromas son descomunales: arrasan con uno"
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Chögyam Trungpa: LOCA SABIDURÍA, pág. 188. Ed. Kairós. Barcelona, 1994

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FUENTE DE LA IMAGEN: http://www.flickr.com/photos/yonotengoseisdedos/4850480457/in/photostream/

20110113

COMO GOTAS DE LLUVIA

Aunque se habla de "las ocho manifestaciones de Padmasambhava", hay que entender esa expresión como un modo convencional de referirse a las múltiples formas que su presencia adopta en este mundo. En el primer capítulo de "La historia de la liberación del Gurú Nacido del Loto" lo que se afirma va mucho más allá, y si cabe, resulta aún más desconcertante. La dimensión del misterio se abre de par en par y establece su desafío a la mente dual, que sólo puede captar la realidad según la lógica aprendida. Lo que se nos dice -aún tomándolo como una expresión simbólica- escapa a los argumentos al uso, y es esto: "Algunas personas sostienen que me manifesté sobre el estambre de un loto en el lago Danakosha, en el país de Orgyen; otros creen que nací como un príncipe de ese mismo país y hay quienes afirman que arribé a la cima de la Montaña de Hierro cabalgando sobre un rayo. Dado que he aparecido bajo innumerables formas, son muchas las opiniones sostenidas al respecto por diferentes individuos. Sea como fuere, veinticuatro años después del Parinirvana del Budha Shakyamuni, Amitabha -el Budha de la luz infinita- concibió la intención de la iluminación universal, y adoptó la forma del Gran Compasivo Avalokiteshvara y, desde su corazón, yo, Padma, el Gurú Nacido del Loto, fui emanado como la sílaba HRI. Y, cual lluvia que se derrama, descendí a este mundo en miles de millones de formas para quienes estuvieran en condiciones de percibirlas. Puesto que las acciones de los seres iluminados son inconcebibles, desafían toda explicación o mesura." Queda para quien lo atienda su interpretación o comentario, y si bien algunas cosas se ocurren al leerlo, ninguna se acerca a lo que el texto dice. Hay que dejar que la lluvia nos moje. Quizá eso es todo.
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FUENTE DEL TEXTO: La leyenda de la Gran Stupa. Ed. La llave. Vitoria-Gasteiz, 2002. Trad. Fernando Mora

20101109

-DORJE DRÖLO

Dorje Drölo es una de las ocho manifestaciones tradicionales de Padmasambhava, y Chogyan Trungpa, en "Loca Sabiduría" lo tomó como referencia para mostrar algunos de los rasgos asociados al poder transformador de Guru Rinpoché. El término, a pesar de la extrema claridad con la que Trungpa presenta sus enseñanzas al respecto, puede devenir equívoco por sí mismo, aislado o fuera del contexto del conjunto de su obra, y sugerir algo así como extravagancias u ocurrrencias sin cuento más dadas a la provocación de los demás que a la transformación interna. En el enlace que copiamos abajo, se nos recuerda -creemos que con acierto- que las palabras tibetanas que Trungpa recogió incluyen un campo de significados más amplio, y que es también acertado entenderlas como "sabiduría primordial" o "conocimiento originario". Como sucede siempre -por lo que conocemos- entre los linajes tibetanos, la crítica se excluye de los comentarios recíprocos y el respeto mutuo se manifiesta incluso cuando se matizan lo dicho. Ese es un factor más que ennoblece a la civilización tibetana.

20100916

-VIDA DE MONJE

En la biografía de Padmasambhava encontramos fácilmente un cúmulo de paradojas que enriquecen la comprensión de su verdadera naturaleza. Siendo por un lado, la manifestación más libre de la energía que explora, investiga, transgrede, destruye y construye -la "loca sabiduría" de la que habla el autor del texto que citamos abajo, Chögyam Trungpa-, es también en otros momentos el que se somete estrictamente al rigor de las reglas monásticas para descubrir la condición esencial que sus prácticas sostienen. Entender lo que Trungpa sugiere en relación a ello supone un desafío para la mente analítica acostumbrada a razonar por exclusiones, pero puede presuponerse que la disciplina monástica, con sus rutinas estables, sus compromisos de conducta y el entrenamiento sostenido de ciertas actitudes, genera un espacio sólido en el que puede aparecer la condición limpia de la vida, en su fluir sin interferencias y despejado de interpretaciones, intereses, proyecciones y adherencias. Viene a la mente la analogía con un laboratorio, en el que todo el esfuerzo se centra en preservar limpio el lugar donde el experimento va a desarrollarse tal cuál es, en su verdadera condición. Quizá lo que la vida monástica posibilita es permitir que suceda así, y que los fenómenos de la vida sean sólo lo que son, en sus elementos puros y sus procesos independientes, sin otras variables que los distorsionen o influyan. Mantenerla sosteniendo sus reglas es preservar limpio el espacio en que la vida puede ser verdaderamente libre, y es posible entender que no hay contradicción en ello, aún cuando no sea sencillo ni estemos acostumbrados a verlo así. La disciplina como condición de la libertad, también eso está en la biografía de Padmasambhava como un mandato que nace de su ejemplo. El texto al que aludíamos sigue ahora: "La siguiente etapa de la vida de Padmasambhava nace de su necesidad de ser aceptado en un monasterio. Era importante que recibiera la ordenación de bhikshu o monje, y que se integrara en la vida monástica, pues ésta le proporcionaría una situación de disciplina. Padmasambhava fue ordenado por Ananda, discípulo y ayudante personal del Buda. Recibió el nombre monástico de Shakya Simha -Shakya Senge en tibetano-, que significa "León de la tribu de los shakyas". Era uno de los epítetos del Budha (llamado también a veces el "sabio de las shakyas", "Shakyamuni") y al recibir este nombre Padmasambhava se identificó con la tradición del Buda. Este hecho es de suma importancia, porque es necesario tener una relación muy estrecha con el linaje. De modo que Padmasambhava se unió al linaje y se dio cuenta del papel vital que éste desempeña.
El linaje del Buda es un linaje que se caracteriza por una cordura fundamental y constante, una manera sana de enfrentarse a la vida. Hacerse monje signfica llevar una vida sana -sana y santa-, porque consiste en compenetrarse totalmente con las cosas tal cual son. Para un monje nada pasa inadvertido. El monje encara la vida consciente de que el momento presente le permite experimentar realmente algo vivo y percibir el sentido de la totalidad, sin dejarse llevar por la pasión, la agresión ni por nada. Sencillamente enfrenta las cosas como se lo permite la vida monacal, es decir, tal cual son."(Loca Sabiduría, Ed. Kairós. Barcelona, 1994. Pág.64)

20100602

-DORJE DROLLO

Una de las ocho manifestaciones de Padmasambhava; en esta imagen aparece representado durante la celebración de un festival litúrgico en el valle de Bumtang, en Bhutan, bajo la forma de Dorje Drollo: danzando sobre un tigre, con el vajra en la mano derecha y el puñal en la izquierda, lleva una banda de cabezas humanas sobre el tronco. Su expresión airada es indicio de su poder benéfico: espantando a los elementos hostiles con su fiera mirada, cura, limpia y sana en la experiencia del gozo, facilitando la superación de los obstáculos físicos y psicológicos que dificultan la práctica espiritual. Los niños que detrás lo contemplan parecen entenderlo.

FUENTE DE LA IMAGEN: http://www.pbase.com/paix/image/61491158

20100123

-MOSTRARSE DISTINTO

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Reaparece en estos días un tema que al iniciar este archivo fue motivo principal de interés. Se trata de las ocho manifestaciones de Padmasambhava; bajo ocho formas distintas se reconoce a Gurú Rinpoché -y en realidad, son algunas más las que muestra, aunque ocho sea el número que se utiliza simbólicamente para designar su completa multiformidad. Esa diversidad de formas debe entenderse como un rasgo básico de su verdadera condición.
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Hay algo que siento crecer en mi cada vez con más fuerza, y es el derecho profundo que tenemos a ser tan distintos en nuestra expresión ante los otros como lo fue él. La importancia del ejemplo que su biografía nos ofrece me parece inmensa, pues da carta de naturaleza y santifica un impulso que ha sido más bien proscrito en otras culturas y civilizaciones; con honrosas excepciones, y me viene ahora a la mente la figura de Pessoa y sus heterónimos, como uno de los pocos ejemplos en que ser muchos pasa a ser considerado un mérito. En general, se conmina a ser previsible, único y unilateral; se pide que tengamos un solo rostro, una personalidad definida. Padmasambhava mostró muchas para responder, eso sí, a una única motivación: la compasión.
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Padmasambhava apostó decididamente por ser muchos distintos, y por presentarse en esa variedad de formas ante los demás con la misma disposición compasiva siempre: pues aparecía de un modo u otro según pudiera ser de más beneficio para sus distintos interlocutores en momentos distintos. Ese es el desafío de su ejemplo, desde qué motivación hacer nacer a la infinidad de personajes que escondemos, y para qué fin. Si la motivación que impulsa el cambio externo y la mutación de la apariencia es la voluntad de servir a lo que pueda beneficiar a otros, en realidad, estamos siempre manteniendo firme el eje que nos sostiene. Aunque se aparezca airado, quieres el bien para el otro; si muestras el rostro más dulce, quieres el bien para el otro; si te retiras en silencio, quieres el bien para el otro. Y si exhibes el poder del que dispones, quieres el bien para el otro, o si consigues asustarlo en una aparición diabólica, quieres el bien para el otro. En cada caso, en cada circunstancia y momento, según quien sea el interlocutor en cada encuentro, Padmasambhava apareció según más convenía para que el otro pudiera descubrir algo de sí mismo, y de la realidad del mundo, que le permitiera realizar su verdadera condición y liberarse del sufrimiento. Al servicio de ese propósito, Gurú Rinpoché ejerció su completa flexibilidad en sus distintas manifestaciones públicas. Y algo así es legítimo contemplarlo para cada uno de nosotros. Podemos ser tantos como somos, y la capacidad de diversificar el registro con que nos mostramos ante los demás está a nuestro alcance. Nos enriquece como humanos, y revela también la fragilidad de las identidades monotónamente únicas con las que torpemente hemos sido instruidos a ordenar nuestra vida.
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Siendo muchos podemos ser mejor nosotros mismos; y lo que subyace debajo de los distintos rostros con que podemos mostrarnos es siempre ese vacío que no sabe querer para sí, sino que muta para ponerse al servicio. Si no es así, si la motivación de nuestra diversidad expresiva es otra, entonces el ejemplo de Padmasambhava ya no sirve. Y por si se ha entendido de otro modo, habría que precisar que no hablamos de disfraces ni simulaciones teatrales, sino de algo más profundo, que tiene que ver con un dicho de la lengua castellana, aquello de "darle a cada uno lo suyo". Se dice a veces en tono de amenaza, pero es también una forma de indicar coloquialmente lo mismo que Padmasambhava realizó en sus variadas manifestaciones: conviene dirigirse a los otros del modo en que mayor bien reciban, darles el trato que merecen para que puedan descubrirse a sí mismos y aprender. Las formas que eso puede exigir son muchas y distintas -no hablamos por lo tanto de disfraces, sino de variaciones en el estilo de relación que nos damos mutuamente. Y ser fiero a veces puede ser lo mejor para el otro; como puede serlo la dulzura en su caso.
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Padma aquí, en ocho rostros alrededor de Padma.








20090726

-NYINGMA OSER (II)

Nyingma Oser, "gurú de los rayos del sol", una de las ocho manifestaciones de Padmasambhava.

No hay otra luz brillando sino aquella

que el propio sol dejó hoy en tus manos.

El rayo incandescente del verano

la misma oscuridad en limpio sella,

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la colma de purezas y su huella

te eleva donde el cielo es sólo humano,

alzándote en silencio; y en lo vano

se prende el brillo ciego de tu estrella.

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Un poco más allá, como si fuera

el aire dimensión donde esconderte,

refugio aéreo e ilusión primera

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que habrá que recorrer vivo o inerte.

Dorado brilla el sol, en primavera;

el vuelo que se emprende es para verte.

20090706

-"SEÑOR DE LA METAMORFOSIS DEL ASPECTO"

Continuando con la cuestión de las transformaciones de Padmasambhava, retomo un fragmento de su biografía escrita por Yeshe Tsogyal. El relato biográfico de Padmasambhava, como el de tantos otros, puede entenderse no sólo como la relación de episodios de una vida, sino también como la expresión personificada de un camino íntimo de evolución y transformación. Vista así, toda biografía -la de cualquiera- encierra enseñanzas profundas que siempre pueden aportarnos algo de claridad en nuestra propia disposición para vivir. La de Padmasambhava, por la dimensión extraordinaria de lo que muestra, resulta sin embargo de un valor especial, y la luz que desprende a través de sus hechos sigue irradiando más allá del tiempo. Frente al prejuicio por el que se nos ha enseñado a ser coherentes, estables y únicos, el ejemplo de quien pudo ser siempre alguien distinto. ¿Podemos verlo aquí debajo? ¿Se le reconoce?














"Asumiendo numerosos aspectos, Padma continuó sometiendo el mal. A veces aparecía como un mendigo común; o bien, como un niño de ocho años; otras, en forma de relámpago, o de viento; en algunas ocasiones, asumía el aspecto de un hermoso joven que coqueteaba con las mujeres; o si no, el de una bella mujer enamorada de los hombres. Según la circunstancia, era un pájaro, un animal, o un insecto. En ciertas oportunidades, asumía la forma de un médico, o de un rico limonosnero. Ora se transformaba en un bote, y al mismo tiempo, en el viento del mar para rescatar náufragos; ora en agua para extinguir incendios. Enseñó al ignorante; despertó al holgazán; dominó al celoso, por medio de heroicas hazañas. Para vencer la pereza, la ira y la lujuria de la humanidad se presentaba como los tres maestros superiores, Avalokiteshvara, Manjusri y Vajrapani. Para dominar la arrogancia, asumía el Cuerpo, la Palabra y la Mente del Buda, y para sojuzgar los celos, el quinto de los Cinco Venenos, se transformaba en los cinco Budas de Meditación. En ese momento, se le llamaba el Señor de las Metamorfosis del Aspecto. En resumen, para cumplir con su misión para con todas las criaturas sensibles, humanas, sobrehumanas e infrahumanas, Padma asumía la forma o aspectos más adecuados a la ocasión."

Fuente: "Epítome de la biografía del Gran Gurú", por Yeshe Tsogyal, en W.Y.Evans-Wentz editor (1998): LIbro tibetano de la gran liberación, Ed. Kier, Buenos Aires.

20090628

-GURU URGYEN DORJE CHANG

Si se intenta ordenar la diversidad de representaciones bajo las que aparece Padmasambhava en la iconografía tibetana, resulta que contar sólo ocho formas es poco en realidad. Son más; hay otros nombres y otras manifestaciones distintas. Exceden de ese número con el que tradicionalmente se resume la plasticidad de Gurú Rinpoché. Eso es lo extraordinario, y lo que parece relevante: ser plenamente es ser muchos distintos, y la enseñanza que recibimos del anecdotario biográfico de Padmasambhava es que no se es más que el centro vacío desde el que distintas formas de uno mismo se presentan al mundo. La flexibilidad interna, el repertorio libre de respuestas distintas ante las diferentes situaciones y contextos, la capacidad autónoma de adaptación al interlocutor para el provecho del otro, el impulso abierto a ser lo más oportuno en cada caso para el incremento de la conciencia, de todo eso nos habla la figura de Padmasambhava en sus ocho manifestaciones. Digámoslo así, como si sólo fueran ocho.
Y una manifestación más que no había descrito aquí hasta ahora. Vemos en la imagen a Padmasambhava como Gurú Urgyen Dorje Chang, en color azul oscuro, abrazado a su consorte Yeshe Tsogyal, en blanco, y rodeados los dos por diferentes emanaciones de Gurús del linaje Nyingma. Lleva en sus manos, cruzadas ante el corazón, la campana de la sabiduría y el vajra, y los cuerpos de la pareja están cubiertos de joyas preciosas y otros ornamentos. Descansan sobre un loto abierto y los rayos del arco iris los rodean en el cielo.

Por encima de ellos, en lo más alto de la imagen, se ve la representación de Samantabhadra, el Buda primordial, en color azul profundo, y por debajo de éste, el Buda Amitayus en rojo con su consorte. Los Budas Vajrassatva y Avalokiteshvara se encuentran a izquierda y derecha, representados en blanco, y bajo ellos, los pandits hindús Nagarjuna y Asanga.

En la tradición Nyingma, la representación de Padmasambhava como Gurú Urgyen Dorje Chang
nos dice que se trata del Vajradhara, emanación del Buda primordial Samantabhadra; aparece en forma pacífica, y en unión con su consorte tibetana. Al mostrarse las imágenes entre círculos de luz y esferas de arco iris se indica que su origen es una experiencia visionaria.

Fuente: http://www.himalayanart.org/image.cfm/403.html



20090607

-GURÚ DORJE DROLO (II)


Hubo una vez un tiempo hace ya tiempo
en que soñaste ser alguien distinto:
más firme la mirada, todo instinto,
y el fuego de la voz en su momento.
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Buscaste inspiración, soltaste aliento
para darle salida al laberinto.
La daga reluciente oculta al cinto,
cortando esa ilusión, fue el instrumento:
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no hay nada que buscar, ni el sueño ahora
permite despertar precisamente,
verdad sin espejismo que así aflora.
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Vivir en lo que es, cuerdo o demente,
no quiere nada más: se ríe y se llora.
También esto son juegos de la mente.
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Saka Dawa Düchen, 2009

20090603

-LOCA SABIDURÍA, de CHÖGYAM TRUNGPA. ED. KAIRÓS, Barcelona, 2005

La “loca sabiduría” de la que nos habla Chogyam Trungpa puede entenderse también como la capacidad de ser del todo honesto con uno mismo. No es habitual ejercerla, aunque es posible siempre. Consiste en atreverse a mirar sin descanso ni engaño en la propia naturaleza. Cuando permitimos que desaparezca toda esperanza de ser algo distinto a lo que somos, cuando aceptamos que no hay ninguna meta que alcanzar ni ningún modelo ideal que nos pueda servir de referencia, cuando conseguimos simplemente ser lo que verdaderamente somos, entonces, la “loca sabiduría” está iniciando su acción en nosotros. Sin juicio ni expectativas, la lucidez crece. Y hay que empezar por “morderse la cola, y seguir comiendo hasta comerse la propia boca”(p.104). En ese deshacerse por ser plenamente, el impulso de la naturaleza búdica está empezando a mostrarse, para surgir y realizarse en cada cual.
Ese resultado es el que la presencia de Padmasambhava procura. Si bien su figura forma parte del patrimonio histórico de la cultura tibetana, y se afirma su presencia real en un determinado tiempo del calendario terrestre, el punto de vista que adopta Trungpa en esta obra lo considera, principalmente, un principio que opera en cada uno de nosotros mismos, una semilla de plenitud que forma parte del fondo de nuestra verdadera naturaleza. Siendo Padmasambhava, según los textos sagrados, un ser plenamente realizado desde su nacimiento en el loto gigante del lago de Odiyana, la diversidad de manifestaciones que adopta , y sobre cuya exégesis trata la obra que comentamos, “no son etapas de un desarrollo espiritual, sino una manera de expresarse, de danzar con las situaciones. Desde un primer momento estaba manifestando expresiones de loca sabiduría”(p.31). Padmasambhava puede ser un gurú benefactor y apacible, un archivo de sabiduría, un brujo exorcista, el señor de los cementerios, una divinidad colérica de ferocidad indescriptible, y así, manifestarse en formas variadas en función del momento y la situación. Se entiende que no se trata de un capricho del Gurú Rinpoché, sino una expresión clara de su compromiso compasivo al servicio de los seres sintientes. A cada uno , en cada momento, en el contexto adecuado, puede mostrarse en la forma justa para que sea posible reconocer finalmente la verdad acerca de uno mismo. El cómo, dependerá en cada caso. Quien quiera ser de auténtica ayuda a otros, debe estar dispuesto a manifestarse en relación a los demás bajo la forma oportuna... para ellos. Y el desafío está en ser capaz de alcanzar esa flexibilidad interna que aprovecha el repertorio de nuestras energías para expresarlas de forma que sean efectivas para el incremento de la conciencia en otros. Esa es la virtud enorme de las ocho manifestaciones de Padmasambhava: nos muestran que nunca somos uno, sino que somos en función de las situaciones. Padmasambhava , sin embargo, consigue no ser un juguete inerte a expensas del contexto, sino que alcanza a transformarse internamente por propia voluntad para actuar de la forma adecuada, desde una motivación compasiva siempre. A veces, tuvo que ser un sabio, sereno y oportuno. En otras ocasiones, mejor un monstruo, feroz, airado.
La perspectiva que adopta Chogyam Trungpa, en la que la biografía mítica de Padmasambhava pasa a ser considerada una “historia interna”, nos permite descubrir que las enseñanzas del Gurú Rinpoché son en el fondo un recorrido por nuestro propio desarrollo de la conciencia. “Eso parece ser lo esencial con respecto a Padmasambhava. El principio de Padmasambhava consiste en dejar de lado todas las ideas y teorías especulativas, y toda observación de uno mismo. Es la experiencia directa de las emociones y de la vivencia, pero sin observador. Como ya somos buda, ya somos Padmasambhava. El adquirir esa confianza, ese “orgullo vajra”, nos abre nuevas posibilidades. No es difícil imaginarse que cuando uno sabe perfectamente qué es y quien es, puede explorar el resto del mundo, porque ya no es necesario explorarse a uno mismo”(p.117). Si el periplo biográfico del Gurú Rinpoché es también la llamada de nuestra propia biografía, y si podemos entenderlo en ese sentido como una “vida ejemplar” que expresa nuestra propia esencia, entonces el misterio de la eterna presencia de Padmasambhava cobra una nueva luz. Está siempre aquí; no es preciso buscarlo en la tierra pura de Zangdopalri. Y más bien podemos entender que Zangdopalri somos nosotros mismos. Cada uno y todos. “Padmasambhava sigue vivo, en el sentido literal de la palabra. Y no vive en Sudamérica, sino en un lugar remoto, en un continente de vampiros, en un lugar llamado Zangdopalri, “la gloriosa montaña del cobre”. Aún está vivo. El hecho de que los cuerpos físicos se disuelvan en la naturaleza no tiene importancia. Si lo buscamos, es posible que lo encontremos. Pero estoy seguro de que se quedarán muy defraudados cuando lo vean. Claro que ya no estamos hablando solamente de sus ocho manifestaciones. Estoy convencido de que habrá desarrollado millones de aspectos más desde entonces”(p193).
Se trata de una obra de un valor extraordinario, desde mi punto de vista, que recoge una serie de enseñanzas de Chogyam Trungpa en los primeros setenta, en Estados Unidos, junto a las preguntas del auditorio y sus respuestas. Consigue, en mi criterio, una aproximación justa al valor de la tradición tibetana del Gurú Rinpoché para los occidentales. Lejos de toda erudición escolástica por ir precisamente mucho más allá de ella, trae al interior de nosotros mismos al “Nacido del Loto”, Padmasambhava. Ese fue el propósito de Trungpa, y fue alcanzado con creces.
Buscando una imagen del autor para ilustrar la entrada, veo con una sonrisa pero sin sorpresa -cabía esperarlo- , que él también adoptó numerosas manifestaciones. Veamos ocho de ellas:


















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20090528

-SENGE DRADOG


Padmasambhava es representado también como un gran maestro tántrico, de muy elevados poderes mágicos, capaz de someter bajo su influjo todo tipo de espíritus enemigos; bajo esta advocación recibe el nombre de "Gurú con la voz de león", "Senge Dradog" en lengua tibetana.

Su apariencia es demoníaca y le podemos distinguir de otras formas airadas por el tercer ojo en su frente, las llamas que irradian de sus cabellos y la corona de cinco cráneos que ciñe su frente. Se cubre con la piel de un léon, y como taparrabos usa una piel de tigre. Erguido, somete a los enemigos del dharma que a veces se representan yaciendo a sus pies. En su mano derecha empuña el vajra, y con la mano izquierda forma el mudra del exorcismo, extendiendo los dedos índice y meñique.

A veces le acompaña la diosa hindú Kali, "la negra", que mora en los cementerios. También a ella obligó Padmasambhava a ponerse al servicio del budismo y así ha pasado a ser una nueva divinidad protectora de la doctrina, que ofrece su mano derecha con la palma boca arriba en señal de sumisión.
A partir de: Hans Wolfgang Schuman (2007): Imágenes del budismo. Diccionario iconográfico del budismo mahayana y tantrayana. Ed. Abada, Madrid

20090522

-LODEN CHOGSE

A Padmasambhava se le representa también con el refinado atuendo de la corte, y simboliza entonces al que procura la sabiduría. Se le ve sentado en posición de loto, con la mano derecha levantada, y agitando con ella un tambor adornado con tres cintas que ondean. Su sonido despertará a la humanidad y contribuirá a la extensión del Dharma en el mundo. Con la mano izquierda ofrece ante sí un cuenco hecho de un cráneo, rebosante de sangre, uno de los símbolos de transmisión de la sabiduría que permite la transformación del sufrimiento. Una dakini le tributa homenaje, ofreciéndole esencias aromáticas en una concha.

Sobre el pecho lleva Padmasambhava un medallón de espejo, emblema de la vacuidad, que lo identifica como conocedor del absoluto: el reconocimiento de la vacuidad misma como naturaleza última de la realidad. Se muestra bien equipado para hacer frente a los enemigos que se oponen a la comprensión de la sabiduría, pues lleva en el cinturón un puñal para clavar a los demonios al suelo y exorcizarlos, o una cadena con la que sujetarlos, de modo que -sometiéndolos- no sea necesario eliminarlos. Al transformar la hostilidad en servicio, pueden convertirse en defensores de la doctrina del Buda habiendo sido amenazas suyas.

Elaborado a partir de: Hans Wolfgang Schuman (2007): Imágenes del budismo. Diccionario iconográfico del budismo mahayana y tantrayana. Ed. Abada, Madrid .