20100730

-EL OCTAVO DÍA DEL ESTADO INTERMEDIO

Después de la muerte, tras el ofrecimiento de las divinidades pacíficas para ser liberado en las tierras búdicas, aparecerán las deidades furiosas si no hemos sabido decir sí: eso es lo que indica el "Bardo Thodol" en su descripción de los fenómenos que aparecerán en el octavo día del viaje entre vidas. El miedo acompañará la pulsión de los deseos y los apegos si no somos capaces de reconocerlos como engendros de nuestra propia mente. Las advertencias que Padmasambhava transmitió a través del "Libro tibetano de los muertos" para ese momento, dicen así, en su inicio:
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"Oh, noblemente nacido! Escucha sin vacilar! El estado intermedio pacífico ya ha desaparecido, pero no has reconocido la luz, por lo que debes seguir vagando. Ahora, en este octavo día, aparecerá la congregación de las Deidades furiosas Heruka. ¡No temas! ¡Reconócelas! Aparece el gran y glorioso Señor Budha Heruka, de color granate, con tres rostros, seis brazos y cuatro piernas extendidas. El rostro central es granate, el derecho es blanco y el izquierdo es rojo; todo su cuerpo brilla con rayos luminosos. Sus ojos deslumbran, aterrorizadores; sus cejas destellan como relámpagos, sus colmillos brillan como el cobre nuevo. Ríe a carcajadas, y resopla furioso. Su resplandeciente cabello pelirrojo se enciende vivamente, adornado por una corona de cráneos y los símbolos de la luna y el sol. Su cuerpo está adornado con serpientes negras y una guirnalda de cabezas recién cortadas. En su mano derecha sostiene una rueda, en la del centro un hacha y en la izquierda una espada, la primera mano izquierda levanta una campana, la del medio una reja de arado y la tercera un cuenco de cráneo. Su consorte Budha Krodihvari le rodea el cuerpo con el brazo derecho enroscado alrededor del cuello y el izquierdo ofreciéndoles tragos de sangre de su cuenco de cráneo. Chasquea la lengua amenazadoramente y ruge como el trueno. Ambos arden en llamas de sabiduría que emanan de sus ígneos cabellos vajra. Están en la postura del guerrero en un trono sostenido por garudas. ¡Así aparecen manifestándose ante ti, emergiendo desde el interior de tu propio cerebro! ¡No les temas! ¡No te sientas aterrorizado! ¡No les odies! ¡Reconócelos como una imagen de tu propio conocimiento! ¡Es tu propia Deidad arquetípica, así que no temas! ¡De hecho, son en realidad el propio Señor Vairochana Padre y Madre, no les temas! ¡Serás liberado en el momento en que les reconozcas!"
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La imagen, si bien no reproduce en todos sus aspectos la descripción verbal ahora transcrita, resulta ajustada a grandes rasgos a lo que las palabras sugieren con muchísima mayor potencia. Lo que vemos a veces es más débil que lo que puede imaginarse, y una palabra encerrar más fuerza que su plasmación visual una vez completada. Sin embargo, contemplarla no es vano: reconocerla como fruto de la propia mente y como variación íntima del vacío es condición para atravesarla durante el estado intermedio, y en la vida que vivimos entre ellos.

1 comentario:

Luminoso V dijo...

Quisiera saber si Todas las entidades aquí mencionadas tienen un equivalente en las religiones cristianas. Como por ejemplo, el buda vairocana equivale al arcangel miguel por decir un ej