20110813

SEÑALANDO AL CORAZÓN DE UN ANCIANO


Hace ya un par de años, en una entrada anterior, se introdujo el enlace al texto completo de una de las enseñanzas esenciales de Padmasambhava. Vuelve hoy su recuerdo, si bien para remitir tan sólo a la invocación del anciano que pacientemente había servido al maestro Padma durante más de un año sin solicitar nada de él. Sólo en el momento en que Gurú Rinpoché estaba a punto de partir de la Ermita de la Gran Roca próxima a Samye, Sherab Gyalpo de Ngog le ofreció un plato de ofrendas coronado por una flor de oro y le dijo: "Gran Maestro, préstame atención. Aunque sólo soy un anciano que carece de educación, mi inteligencia es escasa y mis elementos están casi agotados, este viejo que ya se encuentra cerca de la muerte te pide, sin embargo, una enseñanza sencilla de comprender, capaz de eliminar completamente cualquier duda, fácil de aplicar y realizar y que posea una visión efectiva que pueda serme de utilidad tanto en ésta como en existencias venideras". Sorprende la paradójica humildad con la que solicita tan alta exigencia: sintiéndose casi nada, le pide ni más ni menos casi todo. Padma responde con un gesto -señalando con su bastón de viaje el corazón del anciano- y le ofrece lo que solicita. Conviene leerlo, una y otra vez.

Fuente de la imagen: http://www.mortensvenningsen.com/blog/tamron-90mm-f28-street-portraits


20110806

APRENDER DE TODO

"Generalmente, se piensa que la devoción nace del corazón y no de la cabeza, pero en el budismo tántrico la devoción implica tanto a la cabeza como al corazón. El Libro Tibetano de los Muertos, por ejemplo, usa el simbolismo de las divinidades pacíficas que emanan del corazón y las iracundas que emanan de la cabeza. En el vajrayana, la devoción proviene de la cabeza, o más bien, de ésta y del corazón simultáneamente, mientras que en el mahayana y el hinayana proviene sólo del corazón. En cierta forma, la postura del budismo tántrico frente a la vida es intelectual porque uno empieza a entender las implicaciones de las cosas, empieza a recibir mensajes que lo despiertan. Pero habría que agregar que ese intelecto no se fundamente en la especulación, sino en un sentimiento sincero que nace del fondo del corazón. Podríamos decir, entonces, que la comprensión tántrica de los mensajes del guru omnipresente parte del intelecto, que se transmuta en intelecto indestructible y que a su vez empieza a encender la intuición del corazón. Ésa es la unión ideal de la sabiduría y de la compasión, la unión fundamental de los ojos y el corazón. Los acontecimientos de cada día se convierten en enseñanzas autoexistentes. Incluso la noción de confianza deja de ser procedente. ¿Quién confía? Nadie. La confianza misma confía en sí misma."
En "El mito de la libertad" (pág. 139, Ed. Kairós, Barcelona 1997), Chögyam Trungpa nos recuerda que un aprendizaje auténtico no puede serlo si no nos conmueve, si no establece la comunión constante entre lo que se descubre con el intelecto y lo que cambia en nuestra acción. Todo puede ser instrumento de instrucción y el aprendizaje que nos transforma no precisa detenerse en refinados vehículos intelectuales sino que nace en cada una de las experiencias cotidianas, cuando la mente está abierta y conectada al corazón. Podemos aprender de todo, como Padmasambhava enseña en lo que vivió.

FUENTE de la imagen:
http://www.bing.com/images/search?q=chogyam+trungpa&view=detail&id=1B9D7344990C04D864FE1CE7E37F3FD8F07BB35A&first=91&FORM=IDFRIR

20110730

PALABRAS DE OTRO


Las palabras de otros permiten aclarar el sentido de aquello a lo que se refieren con mayor claridad que las que uno cree encontrar por si mismo. Esta última ilusión -que exalta vanamente la originalidad personal- es también algo que los sistemas de transmisión de las enseñanzas tibetanas pusieron en cuestión. Nunca está muy claro en ellas quien habla o quien escribe, y tampoco importa mucho, pues al final siempre está hablando la sabiduría primordial a través de mil voces, que pueden tomar el nombre de Padmasambhava o el de sus discípulos futuros, aunque también bajo esa presencia se ocultan y difunden a la vez... Mantenerse en ese cruce de voces que dicen sobre lo que otras voces han dicho nos ayuda a instalarnos en una verdad más amplia, incluyente, extendida... Viene esto a cuento porque releyendo estos días el ciclo de "Las enseñanzas de Don Juan" al que Carlos Castaneda prestó su voz he encontrado una referencia imprevista al "Libro de los muertos tibetano", que Padmasambhava ocultó en su momento para mostrárnoslo. El brujo yaqui muchas veces actúa y habla como si hubiera conocido algo de las tradiciones tibetanas, y hay afinidad en algunas de sus actitudes -hay quien dice que el que sí las conocía bien era el mismo Castaneda- pero no recordaba que se refiriera explícitamente a ellas. Sí lo hace, y de un modo ambiguo y sugerente. En la página 223 de "Las enseñanzas de Don Juan" dice, después de que se le leyeran fragmentos del "Bardo Thodol": "No entiendo por qué esa gente habla de la muerte como si la muerte fuera como la vida -dijo con suavidad.
-A lo mejor así lo entienden ellos. ¿Piensa usted que los tibetanos ven?
-Difícilmente. Cuando uno aprende a ver, ni una sola de las cosas que conoce prevalece. Ni una sola. Si los tibetanos vieran, sabrían de inmediato que ninguna cosa es ya la misma. Una vez que vemos, nada es conocido; nada permanece como solíamos conocerlo cuando no veíamos.
-Quizá, Don Juan, ver no sea lo mismo para todos.
-Cierto, no es lo mismo. Pero eso no significa que pervalezcan los significados de la vida. Cuando uno aprende a ver, ni una sola cosa es la misma.
-Los tibetanos piensan, obviamente, que la muerte es como la vida. ¿Cómo piensa usted que sea la muerte? , pregunté.
-Yo no pienso que la muerte sea como nada, y creo que los tibetanos han de estar hablando de otra cosa. En todo caso no están hablando de la muerte.
-¿De qué cree usted que están hablando?.
-A lo mejor tú puedes decírmelo. Tú eres el que lee.
Traté de decir algo más, pero él empezó a reír.
-Acaso los tibetanos de veras ven -prosiguió Don Juan -, en cuyo caso deben haberse dado cuenta de que lo que ven no tiene ningún sentido, y entonces escribieron esa porquería porque todo les da igual, en cuyo caso lo que escribieron no es porquería en absoluto..."

20110724

EL ALIENTO

"Cada palabra del vajrayana es el aliento de la dakini. El trasfondo de estas palabras es la AH; el aliento vital íntimo de todos los fenómenos. La esencia vital del vajrayana está contenida en la práctica tántrica que constantemente realiza la cualidad viva de la continuidad del linaje. La dakini sostiene esta cualidad fresca y viva junto a ella, y protege su integridad. Su naturaleza similar al espacio es la esencia del aliento, inaprensible como objeto. Aun así, cuando se experimenta directamente, como el aliento, vibra con la vitalidad de la realización. Esta inasibilidad viva hace del aliento un objeto ideal de meditación en la práctica budista. Mientras que no puede ser limitado o suprimido, es tan inmediato y tangible como nuestra propia vida. El aliento impregna, sostiene y define nuestra existencia. No hay límites alrededor del aliento, pero hay una experiencia inmediata e inefable de él" (en "El cálido aliento de la dakini", pág.371, de Judith Simmer-Brown, en Ed. MTM, Barcelona, 2002). Mañana es día de dakinis; que podamos vivir en su aliento!


20110717

HAY UNA SOLA MENTE Y NOS INCLUYE

Hay una sola mente y nos incluye,
-queriendo o sin querer- siempre al completo.
Pensamos ser o somos, y en aprieto
decimos lo que dicen: "el río fluye",

"el mar que nos acoge ya no huye"...
Palabras en el viento sin secreto.
Creemos ser voz propia: es sólo un reto
que el miedo y la ignorancia así construyen.

No somos más que ruido entre las nubes,
un eco confundido que se encierra
diciéndose ser todo con engaños,

ficciones, y entusiasmo que no tuve.
Callarse en sueños, sí; tomar la tierra,
acariciando mudo el día y los años.

20110710

DÍA DE GURÚ RINPOCHÉ

Gurú Rinpoché, Padmasambhava -cuyo día se celebra hoy, el décimo después de la luna nueva de cada mes- instituyó la transmisión de sus enseñanzas por varias vías; una de ellas, la de las enseñanzas secretas, las quiere ocultas durante siglos, acabando por manifestarse en el momento correcto en la mente de los discípulos adecuados, atravesando el tiempo. A veces un relato concreto de cómo eso sucede puede resultar muy clarificador. Un ejemplo, entonces, tomado de "Las enseñanzas secretas del Tíbet", de Tulku Thondup Rinpoché (en Editorial Dipankara, Sabadell, 2010, pág. 128): "Kunkhyen Ligme Lingpa se encontraba haciendo un retiro de tres años en el Monasterio de Palri. Durante la noche del vigésimo quinto día del décimo mes del año del Buey de Fuego (1757), experimentó un estado de meditación luminoso en el que se vio volando por el cielo, cabalgando un león y llegando al camino que circunvalaba la stupa de Jarung Khasor, en Nepal. Allí las dakinis de sabiduría del cuerpo absoluto le entregaron una arqueta de sabiduría en cuyo interior descubrió cinco rollos de papel amarillos y siete cuentas de cristal. Abrió dos de los rollos de papel. El primero contenía la escritura simbólica de Avalokiteshvara en escritura tibetana. El segundo, la guía profética, el Nechang thugky drombu. Al ingerir todos los rollos de papel y todas las cuentas de cristal, todas las palabras y el significado de la terma, que estaban ocultos en él, despertaron en su mente tal y como habían aparecido impresos. Jigme Lingpa mantuvo este descubrimiento en secreto durante unos años. En el año del Conejo de Tierra (1759) empezó otro retiro de tres años en Chimphu, cerca del Monasterio de Samye. Durante el retiro, al recibir la inspiración, en tres ocasiones y en visiones puras, de Longchen Rabjam (1308-1363) y al ver que las dakinis le animaban por medio de repetidas solicitudes, decidió transcribir su terma como el ciclo de Longchen ñingtig. En el décimo día del sexto mes (el mes del mono) del año del Mono de Madera (1764) hizo pública su terma y confirió la transmisión de la iniciación y de las instrucciones a quince discípulos." Esas cosas suceden y -a través suyo- la tradición tibetana ha ido organizando sus prácticas devocionales y madurando su filosofía. Gurú Rinpoché lo quiso de ese modo: revelaciones contenidas, guardadas en silencio, que con completa claridad en su momento emergen, germinan y florecen. Una flor para él en su día.