20111002

OCHO MANIFESTACIONES ( Y MÁS)

Que Padmasambhava emergiese en el mundo bajo ocho formas distintas (en realidad, fueron más -por lo que la misma tradición iconográfica y de textos sugiere) es una enseñanza en sí misma. Nos dice con la claridad de la experiencia vivida que los grandes seres que han labrado su presencia en nuestro mundo pueden ser lo que nosotros debemos ser -o por lo menos, intentamos ir siendo: más de uno, muchos. Y que ser uno u otro de entre los muchos que somos -o podemos ir siendo- debe ser siempre una función variable al servicio de aquello que mayor bien puede hacer a los otros. Los otros no son la humanidad en general o en abstracto, sino el individuo concreto que está ahora ante nosotros. Es al servicio de la ampliación de su conciencia y de su auténtica necesidad que debe nacer en cada uno uno distinto de entre los muchos que también somos. Como Padmasambhava pudo ser feroz guerrero o docto erudito, brujo oscuro y meditador excelso, así nosotros también debemos mostrar nuestros múltiples rostros: guerrero ante el guerrero, si así nos entiende; erudito ante el erudito para que pueda serlo o dejar de serlo; brujo y chamán ante el chamán y el brujo; excelso entre los que aspiran a serlo... Para cada uno y ante todos ellos, Padmasambhava adaptó la forma de su manifestación al modo en que mejor podía servir la maduración de la conciencia de otros. Fue muchos, y hasta en sueños supo ser quien debía para que pudieran verlo, aprendiendo en ello.

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